Yo virtual

Personaje – acción al portador.
Situación transitoria, perversión fulminante.
Con un aquí-ahora que sin excelencia,
hechiza por curiosidad.

El espacio-tiempo de esta clase de individuo suele transcurrir lento,
como paso de oruga sobre las hojas.
Por eso en principio altera y después libera.

Es puro boom y metafísica del tiempo.
Juega con encuentros imaginados que importan sólo por el presente.
¿Dónde está lo que no existe, en el pasado o en el futuro?

Demasiada sutileza

Hablando de Bataille sobre el cuerpo, hoy mi interlocutor dijo: lo que excita no es el orificio, sino los bordes. Y así, fingiendo ir de cinismo en cinismo, encajó a Lacan en la improbabilidad.

Sigo con Bataille, ¿no es exquisita esa fijación con los huevos y su descripción de gasto improductivo? Es que leer teoría sin tensión es tan tedioso como pensar en un huevo sólo como escultura en casa, o como peinarse uno mismo.

Pero volvamos a la conversación. Me estoy convenciendo de que los lingüistas son los aliados número uno del demonio. Las palabras y los detalles: casi no me cabe duda, el diablo es un asunto de forma.

¿Cuál es la utilidad de sentarse a divagar sobre huevos, cuando tengo una tesis por delante? Gastos productivos ¡Caramba, mujer! Concluir el extrañamiento, tengo que ponerle fin a los bordes.

Con un vuelo aplazado y la indeterminación por delante, he vuelto al camino.
Gracias amigo lingüista.

Línea de hospital

Es como si tuviera un muerto adentro.
Me altera el sueño,
me jode la vida,
me pinta hacedora de frustraciones.
Doce años de hogar en tus manos y envíos a la mierda,
es cierto, comíamos pizza basura y no sabíamos nada de la vida,
pero el universo era mucho más estable.

A dónde fue mi interés por las palabras
y el ímpetu que confundí con vitalidad.
Pasa que te hallaste conmigo,
pero yo sólo me hallé en ti,
De tobillos concedo,
soy un esperpento.

 

garcia-lorca-manos-cortadas-1935-1936

Federico García Lorca. Manos cortadas. 1935 – 1936.

{Profusión}

Dos superficies,
si avanzo con generosidad en una, de súbito ya estoy en la segunda.
Es un reverso idílico,
evento mil veces planeado y en primicia; excesivo, trémulo.

Usted, peligro salvaje
conmina el ¿por qué no? a la desaparición,
a la ingenuidad de desbordar líneas sin palabras,
al robo directo: no puedo oírle sin verle.

Es que lo suyo,
es el desnudo subiendo la escalera.
Porque arriba está su concupiscencia
y en mis ojos el capricho.

Tantos cumplidos a quemarropa suyos,
tantos errores pronunciados míos.
Hábito de dedos incandescentes,
el párrafo se fue a la mierda.

Metástasis.
La estrategia fue empezar.

Espectador del tiempo

Esa inactividad que implica estar pensando y en realidad, no pensar algo concreto.
Descubrirse con la mirada fija en ningún lugar y el café frío.
Un vagabundeo mental, escurrirse en las horas sin hacer algo. Como los objetos quietos.

Y es angustiante en estos días, descubrirse haciendo nada.
Porque vienen a la  cabeza las imágenes que publica la gente haciendo algo.
Todos hacen algo, alguien hace de todo.

Autoexigencia frustrada, el espectador inactivo del tiempo.

Dióxido de carbono

Estuve sentada en una silla de la casa de mi abuela, mirando una fotografía colgada en la pared. Entró a la casa un lobo viejo, se acercó lento. Pensé que si me quedaba muy quieta, él deduciría que yo era la silla.

Estuvo más cerca, las puntas de su pelo rozaron en algún instante mi brazo. Percibí su inhalación y exhalación, el airecito me golpeaba la oreja y mejilla izquierda.

Sometimes I turn into a mirtlewolf Mirtle

“Sometimes I turn into a mirtlewolf”
Mirtle

Cuando plegó los músculos de la nariz para olfatearme más rápido, sentí el movimiento de sus bigotes sobre mi rostro.

Cerré los ojos pensando que así, él no advertiría en el movimiento de mis párpados.

La angustia sobrevino. Ya no pude verlo más por el rabillo del ojo. Sentí el aliento húmedo que despidió su boca entreabierta en mi cuello.

Me pregunté si tendría el tiempo y la calma suficiente, para identificar el momento en el que uno de sus colmillos me rozara la piel, justo antes de pincharla.

Cerrar los ojos sólo sirvió para que la incertidumbre reinara.

Antes de volverlos a abrir, hubiera preferido primero mi cuello abierto en cuatro agujeros y después, apenas en una rebanada carmesí.