La vida porteña

En Valparaíso, la pregunta siempre fue la misma.
¿Y qué es lo que tiene?
¿Qué tienen las casas, los perros, la ciudad?

Bueno, Valparaíso tiene a Cristina, mi amiga.
Tiene casitas y casotas apretujadas entre cerros y colores.
Ascensores al alma,
trolebuses al verde con amarillo.
Esa intensa “O” que lleva y trae.

Valpo tiene pájaros que follan de día y de noche,
me tiene hoy, sin cámara pero con birome.
Tres cañones en Playa Ancha.
Mil Terremotos.
Un ensayo de alerta todos los jueves pasado el medio día.

Pero no tengo el paraíso.
Necesito reconciliarme con la vida,
pedirle perdón a mi hermano y perdonarle también.

En el entretenimiento porteño,
la gente se embriaga y camina.
Sube y baja lomas,
canta lomas.

Veo lobos marinos.
Son casi las 19 de este verano 2017
y los amantes de piel brillante
andan tomaditos de la mano,
de la cintura,
pololeando frente al sol.

 

Yo virtual

Personaje – acción al portador.
Situación transitoria, perversión fulminante.
Con un aquí-ahora que sin excelencia,
hechiza por curiosidad.

El espacio-tiempo de esta clase de individuo suele transcurrir lento,
como paso de oruga sobre las hojas.
Por eso en principio altera y después libera.

Es puro boom y metafísica del tiempo.
Juega con encuentros imaginados que importan sólo por el presente.
¿Dónde está lo que no existe, en el pasado o en el futuro?

Síntoma

¿Cómo encontrar las palabras reiteradas, recayentes, reposadas,
cuando sos un puñado de nervios?

Ojalá fuera sólo falta de palabras.
Se esfuman los pensamientos, el termostato se te va al carajo y bien podrías convertirte en humo.

No, che. Lo de las palabras,
es apenas el síntoma de algo espeluznante.

 

«Pero no hay nada más arduo que luchar contra el propio caparazón» 
Witold Gombrowicz

{Profusión}

Dos superficies,
si avanzo con generosidad en una, de súbito ya estoy en la segunda.
Es un reverso idílico,
evento mil veces planeado y en primicia; excesivo, trémulo.

Usted, peligro salvaje
conmina el ¿por qué no? a la desaparición,
a la ingenuidad de desbordar líneas sin palabras,
al robo directo: no puedo oírle sin verle.

Es que lo suyo,
es el desnudo subiendo la escalera.
Porque arriba está su concupiscencia
y en mis ojos el capricho.

Tantos cumplidos a quemarropa suyos,
tantos errores pronunciados míos.
Hábito de dedos incandescentes,
el párrafo se fue a la mierda.

Metástasis.
La estrategia fue empezar.