Demasiada sutileza

Hablando de Bataille sobre el cuerpo, hoy mi interlocutor dijo: lo que excita no es el orificio, sino los bordes. Y así, fingiendo ir de cinismo en cinismo, encajó a Lacan en la improbabilidad.

Sigo con Bataille, ¿no es exquisita esa fijación con los huevos y su descripción de gasto improductivo? Es que leer teoría sin tensión es tan tedioso como pensar en un huevo sólo como escultura en casa, o como peinarse uno mismo.

Pero volvamos a la conversación. Me estoy convenciendo de que los lingüistas son los aliados número uno del demonio. Las palabras y los detalles: casi no me cabe duda, el diablo es un asunto de forma.

¿Cuál es la utilidad de sentarse a divagar sobre huevos, cuando tengo una tesis por delante? Gastos productivos ¡Caramba, mujer! Concluir el extrañamiento, tengo que ponerle fin a los bordes.

Con un vuelo aplazado y la indeterminación por delante, he vuelto al camino.
Gracias amigo lingüista.

Comer serpiente y comer tejido

Estaba en un jardín húmedo y frío, tenía mucha hambre y lo único que había, era una pequeña serpiente revolviéndose sobre una roca. Recordé que antes de despertar allí, había visto los puños de mi saco café, rasgados y más cortos.

Tomé la serpiente con el pulgar y el índice, como si fuera algo extraño. La llevé a mi boca y con los incisivos, la mordí. Sentí que escurría sangre caliente por mi labio inferior y mi mandíbula. Me gustó. Me sentí tan animal, como ella misma cuando me miraba desde la roca.

Alguien más me veía con ojos de reprobación. Era otra mujer, no se quién, pero la inspección que hacía sobre mis labios, me provocaba cierto placer bestial. Acabé con la serpiente y empecé a deambular caminando como si fuera digitígrada.

Vi la corteza de un árbol aflojándose, porosa y calada. Pensé que también podría comerla algún día, en caso de sobrevivir y no salir de ese jardín jamás.

Una presión sobre la garganta, como si una mano invisible me estuviera estrangulando, me cortaba la respiración. La angustia y el estrujamiento me estaban asfixiando.

Waving to the forest Mirtle

“Waving to the forest”
Mirtle

Supe que la cena reptil había sido una fantasía del lugar. Pensé que en realidad tenía atragantada en la garganta, una costra de ese árbol filtrable y suculento.

Abrí la boca y otra vez con el índice y el pulgar hurgué a través de mis amígdalas. Allí estaban, me rasgaban la laringe, y poco a poco empezaron a arrastrarse y estirarse sobre mi lengua. Eran dos trozos alargados, cafés.

Los puse en el suelo. Después de recuperar el ritmo de mi respiración, inspeccioné los fragmentos con todos los dedos. Descubrí que no eran ásperos sino elásticos. Mis manos y las lonchas misteriosas se estaban colmando de tierra negra, y entre más trataba de limpiarlas para descubrir su naturaleza, más se impregnaban y se oscurecían.

Con resignación entregué mi empresa al terreno, miré de nuevo mis manos, vi que tenía el saco café puesto y que los puños estaban rasgados.