Síntoma

¿Cómo encontrar las palabras reiteradas, recayentes, reposadas,
cuando sos un puñado de nervios?

Ojalá fuera sólo falta de palabras.
Se esfuman los pensamientos, el termostato se te va al carajo y bien podrías convertirte en humo.

No, che. Lo de las palabras,
es apenas el síntoma de algo espeluznante.

 

«Pero no hay nada más arduo que luchar contra el propio caparazón» 
Witold Gombrowicz

Continuum

Estamos vacíos y nos sentimos tan desprotegidos. Sobre todo cuando nos roban; alguien arrebata y se lleva lo que pensábamos nuestro, entonces caemos en la cuenta de que tenemos nada.

Por eso buscamos a dios en el templo, en los garajes de las casas, en el beso de un amante.
Nos criaron con amor pero crecimos solos, con esa soledad suave que desaparece cuando se expresa en palabras.

Así es como seguimos vivos.

Sucesivo y finito

Fui a verle después de recoger un libro. Me escribió que estaba cortísimo de dinero y preguntó si no me importaba juntarnos en su estudio.

En su estudio, refugio hiper individual y mágico-trágico. Un computador semi descompuesto, una chimenea adolescente, cama para uno con manta eléctrica. Un decano de facultad sin un quinto en el bolsillo.

En el bolsillo guardé el celular, aparato útil y estéril. Llegué sin ganas de entrar pero con un compromiso firmado a punta de caritas felices y signos de admiración en whatsapp.

En whatsapp acordamos vernos. Pensé que hablaríamos y al final arrojaríamos la charla al tacho. Sonreí y le abracé, ¿cómo va?

¿Cómo va? Sin un quinto —Alegría por la coincidencia mental— ¿En qué gasta? En la vida. Vida de mierda, vale todo —Lució como alegría por otra coincidencia— Subimos las miradas.

Las miradas se juntaron en el refrigerador que apuraba restos acuosos. Me contó el lío: alguien invitó a sus amigos y a la fiesta, llegó un ex amante; los roces de cocina terminaron en empujones contra las puertas.

Las puertas del edificio se rompieron. La de su estudio también, entró alguien y discutimos si era mejor invitar amigos, convenir usando el celular o congelar un muerto. Tremendas esas, las manías.

Las manías y nuestra fascinación por lo sucesivo. El punto divertido es que el muerto fuera un ex amante con más de un quinto. Golpeamos a alguien y todavía inconsciente, entró en el refrigerador. Pensé en ir a la biblioteca, fui.

Imaginario-tiempo-suspendido

Imaginario de tiempo suspendido

 

 

Demasiada sutileza

Hablando de Bataille sobre el cuerpo, hoy mi interlocutor dijo: lo que excita no es el orificio, sino los bordes. Y así, fingiendo ir de cinismo en cinismo, encajó a Lacan en la improbabilidad.

Sigo con Bataille, ¿no es exquisita esa fijación con los huevos y su descripción de gasto improductivo? Es que leer teoría sin tensión es tan tedioso como pensar en un huevo sólo como escultura en casa, o como peinarse uno mismo.

Pero volvamos a la conversación. Me estoy convenciendo de que los lingüistas son los aliados número uno del demonio. Las palabras y los detalles: casi no me cabe duda, el diablo es un asunto de forma.

¿Cuál es la utilidad de sentarse a divagar sobre huevos, cuando tengo una tesis por delante? Gastos productivos ¡Caramba, mujer! Concluir el extrañamiento, tengo que ponerle fin a los bordes.

Con un vuelo aplazado y la indeterminación por delante, he vuelto al camino.
Gracias amigo lingüista.

Mini-historia caucana

«Yo creo que el Vicente está metido en un torcido.

Si es que ya no sabe ni por dónde anda, se la pasa hablando de plata y de coca. Y ahora don Justo que no lo deja guardar el carro ahí en el parqueadero.

El otro día, sacando la camioneta esa que tiene, le pasó la llanta por encima a una de las gallinitas.

La mujer me contó que era la que más quería el viejo, que él se acostaba y el animalito se le acomodaba atrás en la espalda.

Es que no se le dio nada y Vicente le repasó la otra llanta sin más.

Ahí mismo don Justo salió y le dijo que no volviera. No le recibió ni lo de la guardada del carro, recogió la culequita y se puso a llorar».

Minihistoriacaucana

La luz

Cuando se va la luz, en este pueblo hay una sensación de libertad y estupor generalizada.

Las señoras salen a mirar por la ventana, otras abren la puerta y van con una linterna o una vela en la mano. Los señores se agrupan y hablan. Los niños enloquecen en la calle, a mi gato se le dilatan más las pupilas y le dan ganas de carreritas.

Cuando se va la luz, es como si todos compartiéramos una misma pregunta y ansiáramos comer la misma respuesta desde las ventanas, desde las puertas, sentados en la vereda.

Después llega la luz y todos se alivian, todos vuelven a la libertad y al estupor adentro, en sus casas.

mirtle

Channeling hundertwasser. Mirtle