La vida porteña

En Valparaíso, la pregunta siempre fue la misma.
¿Y qué es lo que tiene?
¿Qué tienen las casas, los perros, la ciudad?

Bueno, Valparaíso tiene a Cristina, mi amiga.
Tiene casitas y casotas apretujadas entre cerros y colores.
Ascensores al alma,
trolebuses al verde con amarillo.
Esa intensa “O” que lleva y trae.

Valpo tiene pájaros que follan de día y de noche,
me tiene hoy, sin cámara pero con birome.
Tres cañones en Playa Ancha.
Mil Terremotos.
Un ensayo de alerta todos los jueves pasado el medio día.

Pero no tengo el paraíso.
Necesito reconciliarme con la vida,
pedirle perdón a mi hermano y perdonarle también.

En el entretenimiento porteño,
la gente se embriaga y camina.
Sube y baja lomas,
canta lomas.

Veo lobos marinos.
Son casi las 19 de este verano 2017
y los amantes de piel brillante
andan tomaditos de la mano,
de la cintura,
pololeando frente al sol.

 

Serenata para la tierra de uno

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Maria Elena Walsh

Yo virtual

Personaje – acción al portador.
Situación transitoria, perversión fulminante.
Con un aquí-ahora que sin excelencia,
hechiza por curiosidad.

El espacio-tiempo de esta clase de individuo suele transcurrir lento,
como paso de oruga sobre las hojas.
Por eso en principio altera y después libera.

Es puro boom y metafísica del tiempo.
Juega con encuentros imaginados que importan sólo por el presente.
¿Dónde está lo que no existe, en el pasado o en el futuro?

Síntoma

¿Cómo encontrar las palabras reiteradas, recayentes, reposadas,
cuando sos un puñado de nervios?

Ojalá fuera sólo falta de palabras.
Se esfuman los pensamientos, el termostato se te va al carajo y bien podrías convertirte en humo.

No, che. Lo de las palabras,
es apenas el síntoma de algo espeluznante.

 

«Pero no hay nada más arduo que luchar contra el propio caparazón» 
Witold Gombrowicz