Demasiada sutileza

Hablando de Bataille sobre el cuerpo, hoy mi interlocutor dijo: lo que excita no es el orificio, sino los bordes. Y así, fingiendo ir de cinismo en cinismo, encajó a Lacan en la improbabilidad.

Sigo con Bataille, ¿no es exquisita esa fijación con los huevos y su descripción de gasto improductivo? Es que leer teoría sin tensión es tan tedioso como pensar en un huevo sólo como escultura en casa, o como peinarse uno mismo.

Pero volvamos a la conversación. Me estoy convenciendo de que los lingüistas son los aliados número uno del demonio. Las palabras y los detalles: casi no me cabe duda, el diablo es un asunto de forma.

¿Cuál es la utilidad de sentarse a divagar sobre huevos, cuando tengo una tesis por delante? Gastos productivos ¡Caramba, mujer! Concluir el extrañamiento, tengo que ponerle fin a los bordes.

Con un vuelo aplazado y la indeterminación por delante, he vuelto al camino.
Gracias amigo lingüista.

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