La luz

Cuando se va la luz, en este pueblo hay una sensación de libertad y estupor generalizada.

Las señoras salen a mirar por la ventana, otras abren la puerta y van con una linterna o una vela en la mano. Los señores se agrupan y hablan. Los niños enloquecen en la calle, a mi gato se le dilatan más las pupilas y le dan ganas de carreritas.

Cuando se va la luz, es como si todos compartiéramos una misma pregunta y ansiáramos comer la misma respuesta desde las ventanas, desde las puertas, sentados en la vereda.

Después llega la luz y todos se alivian, todos vuelven a la libertad y al estupor adentro, en sus casas.

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