Trampa

El joven tarda en responder y corrige la respuesta en el camino.
No se retracta, está convencido de lo que dice pero duda de cómo lo dice.

El maduro en cambio, tiene las palabras en la punta de la lengua.
Se retracta fácil, admite errores, cede en el qué pero jamás en el cómo.

El joven disfruta el paso del tiempo, las miradas y las sonrisas; espera que mientras avanza el reloj, la presa caiga por gravedad, por su propio peso.
El maduro se impacienta y lanza un zarpazo, la presa cae.

Si de cuerpos hablamos,
el joven tiene un encanto floral, diseñado para libar, le desborda como néctar y él ni se entera.
El maduro ha trabajado ese encanto, es más bien frutal, para morder y lo usa, no duda.

Las palabras del amante maduro son una trampa en la que quieres caer.
Las del amante joven son una trampa en la que ambos pueden caer.

Y esto es la trampa, idea de atracción y amenaza.

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2 pensamientos en “Trampa

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