Dióxido de carbono

Estuve sentada en una silla de la casa de mi abuela, mirando una fotografía colgada en la pared. Entró a la casa un lobo viejo, se acercó lento. Pensé que si me quedaba muy quieta, él deduciría que yo era la silla.

Estuvo más cerca, las puntas de su pelo rozaron en algún instante mi brazo. Percibí su inhalación y exhalación, el airecito me golpeaba la oreja y mejilla izquierda.

Sometimes I turn into a mirtlewolf Mirtle

“Sometimes I turn into a mirtlewolf”
Mirtle

Cuando plegó los músculos de la nariz para olfatearme más rápido, sentí el movimiento de sus bigotes sobre mi rostro.

Cerré los ojos pensando que así, él no advertiría en el movimiento de mis párpados.

La angustia sobrevino. Ya no pude verlo más por el rabillo del ojo. Sentí el aliento húmedo que despidió su boca entreabierta en mi cuello.

Me pregunté si tendría el tiempo y la calma suficiente, para identificar el momento en el que uno de sus colmillos me rozara la piel, justo antes de pincharla.

Cerrar los ojos sólo sirvió para que la incertidumbre reinara.

Antes de volverlos a abrir, hubiera preferido primero mi cuello abierto en cuatro agujeros y después, apenas en una rebanada carmesí.

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